Este era Barbián cuando llego a casa con Rapunzell y conmigo:
Ahora es un morlaco de 8,5 kilos, que poco se parece a aquella pelusa que podía sostener con una mano. Pero hay cosas que no cambian, como su amor por las personas, su manera de ronronear como una bestia, o el descaro con el que lo hace todo.
A veces todo ha de cambiar mucho para que pueda seguir siendo lo mismo.

Y tiene la misma cara de pillo…
Ains que rico!