El Peso del Armiño

20 Septiembre 2008

Nur no te son: Crónica: El día después.

Archivado en: Esto me ha pasado a mí — Imperator @ 9:25

Nur no te son: Crónica: El día después..

Ella lo explica mucho mejor que yo.

19 Septiembre 2008

Cartas desde Colditz

Archivado en: Esto me ha pasado a mí — Imperator @ 9:04

 

Algún dia harán una peli de esto

Algún día harán una peli de esto

Han empezado a dejarme un régimen de encierro un poco más abierto. Tras unos días aislado en una celda, separado de los demás internos, hoy me han dejado algo más de espacio. Puedo asomarme a un corredor con una puerta de reja. Al otro lado está el patio, donde veo a los demás internos.

 

§

Los demás me han visto y se acercan amenazadores. Es la rutina en las prisiones, cuando vives en el trullo es lo que hay. Insultan, gritan, y golpean la reja. Yo no me achanto y les devuelvo el favor, aunque este no sea mi territorio no me voy a dejar pisotear. Hay otros dos. Nunca había estado en un sitio con tantos internos. Uno de ellos es, probablemente, retrasado. Se esconde de los guardianes, y va con una perpetua cara de susto. Quizá le han dado drogas. pero deben haber sido diferentes a las mías, que sólo me daban sueño. Sí, probablemente sean drogas. Nadie puede estar asustado siempre. Ni siquiera se intenta congraciar con los guardianes, cosa que es la primer habilidad que debes aprender. Subnormal.

El otro parece mono, dulce e inofensivo, pero ese es el chungo de verdad. Es el que más me intenta intimidar, aunque parece sólo un saco de patatas forrado de peluche y deja que los captores le mamoneen como si no tuviera dignidad. Pero me doy cuenta de que mi presencia le estorba. A veces se pone nerviosa y le grita y le suelta un manotazo al subnormal, que debe ser su esbirro. Tengo que estar preparado.

Además, a ellos les han confiscado las armas. Mis captores no me han quitado las mías. Por eso debo estar en aislamiento.

§

He iniciado una campaña de guerra psicológica contra mis captores. De día, me acerco al patio, donde ellos montan guardia, y canto sin cesar canciones folclóricas hasta desgañitarme. Por las noches, araño y golpeo la puerta de mi celda. De día suele pasar un rato hasta que me devuelven a aislamiento. De noche no vienen a buscarme, ya estoy en aislamiento y no pueden hacerme nada más, la Convención de Ginebra no lo permite. Además, les miro con mucha cara de penita. Pero escucho al macho jurar en diferentes idiomas, y le conozco lo bastante bien de mi otro centro como para saber que le jode. La guardiana no contesta, seguramente duerme como una ceporra, o está mejor adiestrada – a veces la oigo decir soñolienta “No vamos a ir, cielo.” Zorra.

§

A veces oigo a los guardias hacer ruidos extraños en la habitación de al lado. Yo debería saber lo que es eso, pero no termino de aclararme. Se parece a cuando yo empezaba a hacer algo con la dragona de peluche, pero me paraba al poco, desorientado. Sólo que ellos no parecen desorientados. Me pregunto qué me estaré perdiendo.

§

El subnormal se acerca a la reja y trata de ponerse amistoso. De momento le sigo el rollo, sobre todo porque me aburro mucho. A veces se le va la cabeza y se pone a chillarme y a golpear las rejas. Seguro que son las drogas.

§

Me han ampliado la libertad de movimientos. Han sacado a los otros internos del patio y los han llevado al otro ala de la prisión, dejándome a mí salir. Es evidente que me temen.  A los otros dos no les ha molado nada que curiosee en su territorio, me tumbe en sus sitios favoritos ni en sus mesas de comer. Que se jodan. 

§

Sabía que no debía fiarme de la guardiana. Mucho decirme “guapito” y mucho mimo y mucho hablarme en un idioma que no entiendo, aunque ella insista en que todos hablamos ese idioma de ella (los otros internos tampoco saben qué coño dice), pero es una traidora como todos. Hoy me ha pillado dormido, en uno de mis ratos en el patio, y la muy cabrona me ha sujetado y ha tratado de mutilarme y quitarme las armas. Por suerte no me ha quitado la de las botas y le he dejado un souvenir en la mano. Así aprenderá. Me han llevado a aislamiento, pero no me importa.

§

Cabrones. Cabrones. Anoche llegaron de intendencia y le han hecho algo a la puerta de mi celda. La han cubierto de una especie de película pegajosa, y no puedo arañar y golpear la madera porque la textura me da asquito. Hijos de puta. Ha sido idea de ella. Zorra insidiosa. Tú serás la última, para que sufras más. Aunqe me rasques la barriguilla.

En mi celda hay una papelera llena de cosas. Os váis a cagar.

§

Les he oído hablar con la otra guardiana a tiempo parcial, que por lo visto se marcha a otra prisión muy pronto. Según parece pretender quitarme todas las armas, y en un par de días dejarme en el mismo régimen que a los demás presos. Oigo a los otros dos internos revovlerse, están preparándose. 

Aunque me quiten las uñas, no estaré indefenso.

 

- Barbián

15 Septiembre 2008

Desde el Muro

Archivado en: Esto me ha pasado a mí — Imperator @ 8:40

La mudanza está completa, al fin. Barbián ha hecho el viaje más largo de su vida, y ha recorrido 600 kms hasta una ciudad donde el aire huele diferente, a una casa donde hay dos gatitos más. Y en adaptarlo estamos.

“Adaptación” cuando se habla de un gato nuevo en una casa donde ya hay gatos es un proceso sinónimo con “Guerra Fría cuando los rusos han puesto misiles en Cuba, oh Dios mío, si estornudo un poco fuerte la guerra podría estallar.” Los dos gatos que vivían ya aquí – Giggly y Mapachito – se sienten como vecinos de un barrio a los que les colocan un edificio de viviendas de realojo llenas de quinquis: no les mola. No les mola nada. Nada de estúpidas ideas de gatitos amables llenos de contento ante la idea de tener un amiguito con el que jugar. El que tenga esas ideas es un retrasado.

La vida es dura en el talego.

La vida es dura en el talego

A mí me gustan los gatos bastante – si no de qué me iba a ir a un sitio a vivir con tres-, pero eso no quita que yo sea consciente de que son unos hijos de puta territoriales, y que lo único que nos mantiene a salvo de ellos es que somos mucho más grandes que ellos. A ellos no les parece que les hagamos un favor al traer a otro gato: a ellos les parece que les estamos jodiendo la vida. 

Las reacciones no son exactamente las mismas: Giggly es el mayor, y es el que bufa más y el que le pone peor careto a Barbián, probablemente porque está acostumbrado a mandar más que nadie en casa. Mapachito se acerca mucho al muro y mira con curiosidad, pero no reacciona cuando Barbián le bufa y le gruñe. Yo tengo la teoría de que se debe a que ese gato es idiota, se ponga Nur como se ponga, y no a una excepcional bondad por su parte. En la foto podéis ver a Barbián mirando a Mapachito con cara de “Si no estuviera aquí la reja te daba dos cargadores de hostias como no te los han dado nunca.”

En un par de días empezaremos a jugar con las puertas del comedor, para que Barbián pueda explorar y acostumbrarse más aún al olor de los otros sin que haya peleas. Como decía R. A. Heinlein: Si una persona no entiende la importancia del protocolo y las maneras, es que no ha tratado nunca con un gato.”

En otro orden de cosas, todo bien, gracias. Me he apuntado a un juego de Diplomacy online por un viejo colega de Granada, y he hecho mis primeros movimientos como Emperador de Austria-Hungría. Por supuesto, los verdaderos hombres no nos leemos los manuales de nada, con que se me ha pasado el plazo para dar órdenes de construcción, y sólo puedo mover tropas. Pero bueno, los verdaderos hombres no construimos nada. Eso.

Esta semana la tengo libre por completo de curro, lo cual me viene como muy fenomenal para seguir instalándome en casa, preparando y haciendo cosas, y en general, tomándomelo con más calma.

Y en eso estamos: el otro sábado estuvimos viendo a los Blind Guardian en Razzmatazz, pero de eso hablaré en el pròximo post, que en un rato tengo visita.

Hasta pronto.


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