El Peso del Armiño

16 Junio 2007

Viernes musical (con retraso)

Archivado en: Esto me ha pasado a mí — Imperator @ 20:01

Sí, es sábado y no viernes. Denunciadme.

Hoy traemos a Billiy Idol, en dos canciones que me gustan enormemente. Una es suya y otra no. La primera es una versión del clásico de los Simple Minds Don’t You Forget Me, que debería ser un himno nacional o algo así.

La 2ª es una canción de las que le hicieron famoso en los ‘80: Shock to the system. No sé si la he puesto antes aquí, si es así, da igual. Es un futuro en el que a una parte de mí le gustaría vivir. Y en Pamplona vi sitios que me recordaron a este vídeo.

Sí, ha sido breve y sin explicaciones, pero me voy de cervezas y esto es lo que hay. Sed buenos y pasadlo bien.

El placer de viajar 2: El retorno

Archivado en: Esto me ha pasado a mí — Imperator @ 19:51

Estos días he estado en Zaragoza, Pamplona y Santander, como ya expliqué en la entrada anterior. Y uno, por más que quiera, tiene muchas horas que llenar en este tipo de viajes de curro. He jugado al Warcraft con Kritias y MJ, he paseado, y el miércoles estuve en el cine Carlos III viendo Ocean’s 13, que me gustó bastante.

Cuando salí del cine eran pasadas las 0:30, así que me fui a probar suerte por la plaza del Castillo y conseguí encontrar un bar donde tomarme unos pinchos y unas cervezas y cenar algo. Porque en Pamplona, entre semana, eso de que a partir de las 22 horas no hay ni Dios por la calle es una verdad como dos pianos de cola. Pero ni por error ves a alguien.

El caso es que había un paseo de menos de media hora andando desde la plaza del Castillo hasta los apartamentos donde me alojaba, así que decidí que no merecía la pena buscar un taxi. Que por otra parte no veía, probablemente sea pecado currar de noche entre semana o algo así. Miré el callejero y me puse a andar.

Al poco de empezar, me encuentro con un grupo de sevillanos que estaban tratando de entenderse con un chaval que no parecía hablar español, y no se les estaba dando muy bien. Mucha gracia y mucho duende, pero no ganarían jugando a las películas. Le pregunté al chico si hablaba inglés, y se le saltaron las lágrimas, contándome que le habían robado hacía un momento cartera y móvil, y que no sabía cómo contactar con la policía. En el callejero había visto que había una comisaría, así que le dije que le acompañaba. Los sevillanos estaban encantados de ver el asunto, y uno me solto con un acento marcadísimo acento: “Quillo, le has venido como el aceite a la vinagreta.” Y me entró un cosquilleo al escuchar el acento y esa expresión, después de tanto tiempo. Aunque fuera un acento de Sevilla.

El caso es que nos fuimos el chaval y yo a la comisaría, y le hice de intérprete, porque después de tanto gasto en la lucha contra el terrorismo, por supuesto ni Dios hablaba una pizca de inglés en la comisaría. Podían pagarse unos cursillos de inglés desde Interior. Imagino que el único terrorismo que preocupa por allí es el que habla euskera y parte troncos. Si un día tienen que interrogar a algún malvado extranjero, tendrán que sacar el Pictionary o algo así. El caso es que el chico logró hacer su denuncia en poco tiempo, me dió mucho las gracias, y seguí camino.

En todo el trayecto me crucé con menos de 15 personas, y algún coche despistado que, impepinablemente iba atestado de chavales con ese corte de pelo tan de moda por el norte que tiene pinta de haberlo hecho un mono con una minipimer. Y todos con pinta de haberse metido todo lo que les ha entrado.

Pamplona es una ciudad curiosa y llena de contrastes, si se miran las cosas desde una cierta óptica. Por ejemplo, la mía. Es una ciudad antigua y se nota cuando uno va por el centro, el casco antiguo, o las murallas de la Ciudadela. A ratos muy medieval, a ratos muy victoriana, como por ejemplo, la casa de Drácula, al lado de los cines Carlos III, y que tuve que fotografiar con el móvil (he de comprarme una cámara de fotos).

Pero por otro lado, a veces encuentras lugares que parecen escenarios de películas de ciencia ficción que aún han de rodarse. Sobre todo si añades las calles vacías, pero lecheras de policía con policías parados en sitios aparentemente al azar, y son más de la 1 de la madrugada, vas solo por la calle y escuchando determinada música en el mp3. Por ejemplo, los polis que estaban parados en una especie de parque avenida de Pío XII para abajo, que estaba iluminado por una especie de columnas fluorescentes, y con unas estructuras metálicas que le daban todo el aspecto de una zona industrial cyberpunk abandonada, como si fueran a rodar la 2ª parte de “Shock to the system.” Y a juzgar por las jetas que me pusieron cuando saqué el móvil y empecé a tomar fotos, cuidando de no sacarlos a ellos, a lo mejor rodaban el vídeo y el papel de Billy Idol me acababa tocando a mí.

Es una cosa que me choca, porque en ningún sitio donde haya vivido ve uno frecuentemente lecheras con polis armados estacionados por la calle. En 2 días en Pamplona he visto 4, nada menos. Y en una de las ocasiones, uno de los polis tenía la mano sobre el arma y parecía nervioso. Y claro, yo empiezo a pensar en todo esto en términos de escenas y exteriores. Así que tome 3 ó 4 fotos de las columnas luminosas poniendo mucho énfasis en que las estaba fotografiando a ellas, y seguí de paseo. Por el camino vi unos cuantos escenarios futuristas industriales de estos, pero sin más policía.

En Santander he visto una dimensión de la palabra tormenta que desconocía: tormenta tan bestial que se carga las redes wifi y te corta la comunicación con los móviles. Y vibrando con los truenos la ventana del hotel y todo eso. No puedo decir que haya visto Santander. De hecho, en lo más crudo de la tormenta, no veía el polideportivo frente a mi ventana, que no estaría a más de 10 metros de distancia. Otra vez será. Sólo he visto Santander en el trayecto estación hotel y de vuelta.

Como he tenido tiempo, he empezado a ver series. He visto el primer capítulo de The Lost Room, y estos tipos han jugado a Kult hasta reventar, luego se han inyectado heroína en los ojos y han escrito el guión. Cuando se les pasó el ciego probablemenre lo reescribieron porque no es una serie de terror y el primer capítulo (de 3, 1 hora y media cada uno) tiene cosas a veces un tanto chorras. Pero tiene una pinta brutal. Así que la veré con Rapun del tirón, porque lo merece.

He visto la mitad del episodio piloto de Lost, y digo la mitad porque mi portátil se ha negado a poner la 2ª mitad en el Media Player o en otro reproductor. Ya ha habido momentos que me han empezado a producir orquitis, especialmente el diálogo entre el médico y la maciza que se le pega como una lapa en la que él le explica que contando hasta 5 se le pasa el miedo,y tratando de que parezca que està´contando una experiencia traumática. No lo consigue. Por otro lado, aplaudo la iniciativa que rompe con el molde de que todos los protagonistas de una serie tienen que estar buenorros, dado que meten a Dominic Monaghan (Merry en El Señor de los Anillos) con pinta de acabar de salir de un rave de 48 horas, junto con un gordo obeso con el pelo largo y rizado y 3 pares de tetas, que os juro que lo he visto en todas las jornadas de rol a las que he ido alguna vez en mi vida. Eso sí, la preñada no puede estar más buena, que esto es una serio. Ni los diálogos ser peores. 39 minutos dan mucho de sí para ser cutre. No sé si la seguiré viendo. Todas las cosas malas que me han contado sobre ella parecen ser verdad.

He visto bastante de Padre de Familia, pero no ha habido sorpresas por ese lado. Es genial, y ya lo sabía yo. He visto el primer episodio de Los 4400 y tiene buen aspecto. Además de que tenemos Battlestar Galáctica a medias. Cuánto curro.

Ha sido una experiencia buena, divertida y curiosa. Probablemente no me gustaría hacer esto a jornada completa, como modo de vida, pero para una o como mucho dos veces al mes está bien.Hay experiencias que quedarán para siempre, como volver a tu apartahotel en mitad de la noche pamplonica y que el conserje de noche esté viendo una porno a todo volumen, y que no se moleste en bajar el volumen / apagarla hasta que llegas al mostrador. Al menos no era porno con caballos.

Ya estoy en mi casa. Estoy contento.

 

 

 

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