Hoy he salido de Zaragoza, que es una ciudad que me gusta un montón. Y ha sido un día accidentado.
- He bajado a las 9 a desayunar. Por lo visto, a las 07:30 bajó la marabunta y se comió casi todo. Ha sido el buffet más triste que he visto en mi vida.
- Como el hotel estaba al lado de la estación de autobuses de Agreda, donde yo me bajé del bus que me trajo a Zaragoza, fui allá después de dejar la habitación para coger un billete a Pamplona. Le digo a la tipa de la ventana que me de un billete a Pamplona. Me lo da, y me dice que sale a las 13:00.
- A las 12:35 me voy para el andén después de desayunar otra vez, y me encuentro con que:
- De esa estación no sale ni ha salido nunca un bus para Pamplona.
- Mi billete es para Barcelona. Barcelona.
- El bus para Pamplona sale de otra estación de buses, en la periferia. Hay 3 estaciones de buses en Zaragoza, por más que dos parezcan el garaje del Corte Inglés.
- Así que vuelvo pitando y blasfemando a la ventanilla. La tipa, con muy buenos modos, eso sí, me devuelve la pasta del billete y me anima a coger un taxi, “que buses para Pamplona hay un montón y segurico que pillas alguno.”
- Coge un taxi y ve a la estación. Trayecto rápido. Mierda, no es esa estación, la más nueva, sino que es otra cochera de barrio que está a unos 10 minutos andando. Vete para allá echando el bofe. Con el calorcillo que hace.
- Llego a la maldita estación nº 3 y le pido a la taquillera una declaración jurada de que los buses de Pamplona salen de ahí y no de otro sitio. Compro el billete y me voy a comer.
- Me monto en el bus a la hora prevista. Salimos tarde porque un alcohólico se tiene que terminar el gintonic y bloquea la salida del bus para que le abran el maletero y deje su bulto. Mi número de plaza: 13. El suyo: 14.
- El tipo me dice que voy a pillar una enfermedad por leer mucho. Le contesto que me estoy sintiendo enfermo de peste a ginebra, y que voy a echar la raba si me vuelve a hablar. Encima de él, ya que estoy en ventanilla. El tipo se va a otro asiento a dormir la mona, deleitando al bus entero con berridos aleatorios y ronquidos varios.
- Me bajo en Pamplona y me meto en un taxi para ir a los apartamentos de hoy. El chaval es joven, y va puesto hasta las cejas. No estoy de coña. Nervioso, tiene estereotipias con la boca, se frota las encías cada dos por tres, no se le entiende nada, y se pone frenético por esperar 10″ en un semáforo. Parece que se ha hecho la subida al Turmalet esnifando en el servicio del bar antes de coger el taxi. Me pongo en paz conmigo mismo y me dispongo a morir.
- Me bajo del taxi y el chaval se teleporta al maletero para sacar la maleta, darme el ticket, arrancar y salir en una nube de humo. No he visto lo que ha pasado.
Menos mal que el apartamento es un lujazo. Ya sé dónde vendré a alojarme si vengo de vacaciones a Pamplona. Y menos mal que mañana sigo aquí y no viajo hasta el jueves.

