La otra noche estuve por ahí con mi colega londinense Max (a.k.a Balbinus en los foros de rol donde nos conocimos) y su encantadora esposa Emma, que visitan Madrid. Es una visita que hace mucho tiempo que esperábamos.
Estas cosas me gustan, y siempre me parecen llamativas: cuando viene alguien de fuera y quieres enseñarles algo, te obligas a aprender mucho sobre el lugar en el que vives, y descubres cosas. Estoy muy contento en ese aspecto, porque estoy currándome más el conocer más cosas de Madrid y no caer en esa complacencia que muchas veces nos hace dejar de lado las cosas llamativas, bonitas e interesantes que tenemos al lado, simplemente porque están a mano, pero este tipo de visitas son un gran revulsivo.
El caso es que les enseñé un poco el Madrid de los Austrias, los llevé a algunos sitios más típicos de por allí, dejamos (conscientemente) que nos clavaran, y luego acabamos en Lavapiés de copas. Parecían encantados con el tema, y no dejamos de hablar. El acento escocés de Max es un poco duro al oído, pero me desenvolví bien. Su chica es bastante más comprensible, y además es una persona que dejó la abogacía para dedicarse a ser “consultora en vinos,” lo cual me parece un trabajo que tiene ser la leche. Me contaba que cuando vuelvan el lunes a Londres, ella tiene que salir de nuevo de viaje, para ir a un sitio a que le paguen por beber vino y opinar sobre ello. Un poco como aquello que decía el Capi en aquella entrada de su blog llamada Vino y Guitarras:
Dame alguien motivado para los hobbies y disciplinado para las cosas profesionales. Y si se juntan las dos cosas, dejad paso a esa persona porque de ella es la tierra y todo lo que en ella habita.
Parece que Max se ha casado con una persona así. Y es un placer aprender tanto.
Creo que, en el fondo, Max me cae tan bien porque, en un entorno donde la mayor parte de la actividad se centra en insultar los juegos favoritos de los demás, su principal interés es preguntarle a la gente acerca de qué cosas les gustan y qué cosas no, cómo son sus juegos favoritos y por qué, y aprender cuanto pueda. Y es un modelo a imitar: a menudo, se trata de aprender del resto, y dejar que el resto elija si quiere aprender algo de ti.
Como no ha probado nunca, la comida argentina, mañana me los llevo a la Farfalla a comer. Si tenemos suerte, Rapun vendrá con nosotros, y Max conocerá uno de mis restaurantes favoritos aquí. Y espero aprender mucho. Sobre todo de lo que hay que hacer para que te paguen por beber vino. Suena bien.

