El Peso del Armiño

9 Noviembre 2009

Emoción en el rol – Mistress of the wind

Archivado en: Juegos de rol, ¡Que comiencen los juegos! — Imperator @ 10:29
Belerofonte mata a la Quimera

Belerofonte mata a la Quimera, como nuestros héroes hicieron la otra noche.

[NOTA DEL AUTOR: Este post tenía que haber salido hace una pila de días, pero por alguna razón WordPress no me dejaba escribir nada hasta ahora. Cosas de la vida]

El rol es una afición en la que la planificación del director de juego se valora mucho, a pesar de que no sirve de gran cosa para muchos aspectos clave. Uno de estos aspectos es la emocionalidad.

En una obra dramática de cualquier tipo, uno hace las cosas sabiendo el efecto dramático que trata de obtener, la emoción que trata de evocar en la audiencia. En el rol, la audiencia y los artistas son las mismas personas, con lo que esa emoción es aún más difícil de predecir. El momento clave no puede planearse, porque no hay forma de saber qué harán los protagonistas. A los jugadores les puede dar por hacer cualquier cosa por cualquier razón, y los fallos normales de la comunicación humana hacen que, a menudo, el espacio imaginario que comparten Director de Juego y jugadores sea diferente para cada uno.

Un ejemplo: conozco a un grupo de gente que se pegó mucho tiempo jugando una partida de Vampiro ambientada en la ciudad de Chicago, siguiendo un libro que publicó la editorial. Durante todo el tiempo que estuvieron jugando, interactuaron frecuentemente con un vampiro rebelde de nombre Damian. Tras años de jugar esa partida, un día el director de juego hace un comentario de pasada y los jugadores le miran pasmados y dicen:

¿Cómo que Damian es negro? ¿De verdad es negro?

Ya ves, años jugando juntos y esas cosas pasan. Su imagen mental de Damian era diferente de la del director de juego. Con más razón aún cuando preparas una partida no puedes prever si el momento emotivo que piensas le provocará algo a tus jugadores, o si les provocará la misma emoción que tú esperas, o si directamente pasarán de ello. No sabes cómo los personajes que representas les caerán, y quizá odien al tipo que tú pensabas que sería su mejor aliado, o se unan al malo, o qué sé yo.

En una partida de rol, los momentos de emoción inmensa no se pueden prever. Sólo puedes agarrarlos cuando llegan y exprimirlos.

La otra noche jugábamos una partida de RuneQuest ambientada en la época de la Micenas Mítica, unos años después de la Guerra de Troya. Los personajes son aventureros del Bizancio altomedieval (año 589 d.C) que, buscando un tesoro en la tumba de Agamenón en Micenas pasan una puerta a esa época y quedan malditos por robar la tumba del Rey. Para volver a su tiempo han de volver a la ciudad de Micenas – que en esa era está bajo asedio y cuyo rey les busca para matarles – y han de entrar por un pasadizo custodiado por la Quimera. Sólo hay una forma de derrotarla, que requiere la ayuda del caballo Pegaso. Los héroes se ponen en marcha y localizan dónde vive este animal, y se preparan para dominarlo usando una brida mágica que le robaron al Rey de Micenas (de ahí que este les tenga manía). El personaje de Nur es el que lo va a intentar.

Y en ese momento es cuando Nur, tras muchos trabajos y un susto muy gordo ha conseguido domar al caballo, entra en éxtasis.  Pero en éxtasis de pura emoción. Desde ese momento en adelante Nur pasó el resto de la partida con una sonrisa de oreja a oreja y absolutamente feliz porque estaba montando a Pegaso. Y es algo que exprimí, describiendo con detalle lo que era volar, y cómo el caballo les ayudó en su viaje a través de una tierra en guerra hasta donde les esperaba la Quimera. Los personajes lograron derrotar a ese monstruo con su ayuda (robando de paso a Belerofonte de la posibilidad de ser un héroe algún día :P ) y llegó el momento de la despedida. Nunca había visto tan feliz a Nur en una partida. No podía imaginar que le haría tanta ilusión, no lo sabía. Sólo podía exprimirlo.

De modo que cuando ella me pidió si podía conservar una de las plumas del caballo como recuerdo, le dije que sí, claro. Y ya tengo pensado un uso para esa pluma.

No fue el único momento metal de esa partida, porque los hubo en cantidad (que se lo digan a Deirdre que le ajustó las cuentas al rey de Micenas en corto y a mojadas mientras la ciudad caía a su alrededor). La pena es que cuando Nur voló por primera vez con Pegaso no caí en pinchar esta canción, que habría molado mucho: Master of the Wind, de Manowar. Bueno, en este caso Mistress.

En todo caso esta va por ti, nena. Te quiero mucho, y me siento feliz de que fueras tan feliz.

30 Octubre 2009

Ya no tengo dudas (II)

Archivado en: Esto me ha pasado a mí — Imperator @ 14:14

En estos días que llevo en Madrid, he sacado adelante todos los diseños pendientes, he sido confirmado como profesor por esta escuela de negocios en la que impartiré ponencias en cierto master, y he tenido ocasión de comprobar lo mejor y lo peor de trabajar con consultoras.

Todos los proyectos se han acabado satisfactoriamente, todas las facturas se han enviado y se cobrarán, y todo son felicitaciones y buen rollo.  Aquello que me tenía descontento se ha resuelto, y las decisiones a tomar han sido tomadas.

En conjunto, unos días maravillosos, donde sólo has faltado tú una parte del tiempo para que fueran perfectos. Pero esta noche arreglaremos eso, cariño. Muy pronto.

20 Octubre 2009

Ya no me quedan dudas

Archivado en: Esto me ha pasado a mí — Imperator @ 8:38

Hace unos días contaba que tenía una duda. Robert de Niro lo resumía muy bien en Ronin:

- Sam: Siempre que hay duda, es que no hay duda. Es la primera cosa que te enseñan.

- Vincent: ¿Quién te enseñó?

- Sam: No me acuerdo. Esa es la segunda cosa que te enseñan.

Cuando lo contaba, Pucky comentaba que para traicionarse a uno mismo uno debe tener una buena razón, y que si tienes dudas es que no la tienes. Es muy cierto. A veces necesitamos que nos lo recuerden.

El caso es que ayer fui, di mi ponencia, conté la verdad y todo fue muy bien. Ya dan por sentado que volveré y que daré más ponencias, que además serán más divertidas que una ponencia de introducción sobre el estado de las cosas en nuestro sector. Como extra, Nur estuvo ahí durante tres largas horas porque quería verme trabajar. Como era de esperar, al preguntarle qué le había parecido me contestó que yo no era diferente dentro o fuera del aula, lo cual pienso que es bueno. Por otro lado hay cosas en qué pensar, pero eso otro día.

En 3 horas salgo para Madrid, y me quedo 10 días. La nena no está nada contenta, cosa que es comprensible, y esta mañana me ha dedicado toda su colección de pucheros y morritos, mientras se quejaba de la injusticia de todo esto (lo hace muy muy bien). También es comprensible. Aunque en un par de días nos vemos de nuevo porque ella visita Madrid también, desde el próximo lunes a la tarde hasta el viernes a la noche estaremos separados y hace mucho de la última vez. Pero el curro no deja, por ahora, muchas opciones. En este momento rechazar trabajo no es viable, y en este viaje han surgido nuevas oportunidades que, de concretarse, supondrían algo realmente bueno para nosotros. La Cojonudología dice que saldrán, con que hay que cogerlas.

Queda un proyecto, que es el más difícil y jodido de los tres que me ocupaban. Muy poco, casi sin tiempo para hacerlo y el último plazo ya encima. Pero no tengo dudas de que lo podré sacar adelante, ni de que la idea que he tenido es la mejor. Un último empujón y se habrá acabado esta racha, y podré cosechar los frutos y poner en marcha cosas que he parado por la crisis, la falta de trabajo…

En conjunto, lo he hecho bien y estoy contento. He conseguido capear una situación laboral muy jodida, y salir reforzado. No sólo no he perdido clientes, sino que los mantengo y me he vuelto más necesario para ellos. Han salido además nuevas oportunidades, gente que me ha visto trabajar y le ha gustado. Esas oportunidades se concretarán en breve, espero que de una manera menos atropellada y estresante.

Me piro a hacer la maleta. Más en breve.

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